Detectar la necesidad y el objetivo de negocio
Antes de evaluar a nadie, nos sentamos con Recursos Humanos para convertir una necesidad de negocio en un objetivo formativo concreto y medible: qué materia, en qué puestos, con qué alcance y para qué resultado —más productividad, menos errores, cumplimiento normativo o retención del talento—. Es el paso que evita que la formación acabe siendo un gasto difícil de justificar, porque fija desde el inicio qué queremos mover y cómo sabremos si lo hemos conseguido.
- Estratégico: atamos la formación a un indicador real del negocio, no a un «porque toca». Cuando el objetivo cuelga de un KPI, la inversión —y el crédito de FUNDAE— se defiende sola ante dirección.
- Diagnóstico: separamos el nivel real del percibido, que casi siempre se sobreestima en las autoevaluaciones, y definimos el objetivo puesto a puesto y por familia profesional en lugar de «para toda la plantilla».
- FUNDAE: encajamos ese objetivo con una acción bonificable y con el plan de formación del año, de modo que todo el recorrido posterior sea aprovechable y trazable.






