Los cuatro tipos de costes bonificables, los módulos económicos vigentes en 2026 y las trampas que se llevan por delante a empresas cada diciembre. Una guía escrita desde la experiencia de comunicar miles de grupos formativos.
Cuando una empresa planifica su formación bonificada, la primera pregunta siempre es la misma: ¿cuánto me va a costar? La segunda, que es donde empiezan los problemas de verdad, es distinta: de todo lo que estoy gastando, ¿qué puedo meter en la bonificación? La respuesta de FUNDAE está ordenada en cuatro familias de costes con reglas muy concretas, topes por hora y una fórmula que decide, al final, cuánto podrás recuperar. Te lo explico todo, por orden, y con los importes verificados para el ejercicio 2026.
FUNDAE clasifica los costes de una acción formativa en cuatro grandes categorías. Tres de ellas se pueden bonificar, y la cuarta no, aunque tiene una función importante en el sistema. Entender esta arquitectura es imprescindible porque la aplicación te pedirá cargar cada euro en su casilla correspondiente, y si te equivocas de casilla pierdes dinero.
Cada categoría tiene sus propias reglas, sus propios límites y sus propios documentos justificativos. Vamos una por una.
Los costes directos son, con diferencia, la partida más gruesa de cualquier acción formativa. Son los gastos directamente imputables a la formación: si la formación no existiera, ese gasto tampoco existiría.
Dentro de los costes directos entran:
Los costes indirectos son los gastos de estructura de la empresa que la acción formativa consume de forma compartida con el resto de la actividad. No se pueden atribuir en exclusiva al curso, pero se prorratean porque el curso, efectivamente, los usa.
Entran aquí la luz, el agua, la calefacción, la limpieza del edificio, la mensajería, los servicios de vigilancia, el personal de apoyo administrativo que da soporte a la formación sin impartirla, y —un matiz importante— los honorarios de un gestor externo que solo haga gestión administrativa (comunicaciones a la aplicación, seguimiento documental), sin llegar a ser entidad organizadora.
Los costes indirectos no pueden superar el 10 % del coste total de la acción formativa. Es un límite estricto: si los metes por encima de ese porcentaje, la aplicación los recorta y pierdes la diferencia. Planifica el presupuesto para que los indirectos nunca rebasen ese techo.
Los costes de organización son los honorarios de una entidad organizadora externa que se encarga de gestionar tu formación: la que firma el contrato de encomienda, comunica los grupos a FUNDAE, controla la asistencia y custodia la documentación. Si la organización la hace tu empresa, no hay coste de organización que imputar.
Este coste tiene un régimen escalonado por tamaño de empresa, diseñado para proteger a las pequeñas, que dependen más de entidades organizadoras profesionales:
| Plantilla de la empresa | Tope coste organización |
|---|---|
| 1 a 5 trabajadores | Hasta 20 % del coste total |
| 6 a 9 trabajadores | Hasta 15 % del coste total |
| 10 o más trabajadores | Hasta 10 % del coste total |
La lógica es razonable: una microempresa no tiene un departamento de formación, así que la entidad organizadora le hace prácticamente todo el trabajo, y por eso el tope es más generoso. Una empresa de 200 trabajadores tiene sus propios recursos internos y debe exigir más a su propio equipo, por eso el tope es del 10 %.
Y llegamos a la categoría más malinterpretada del sistema. El coste salarial de los trabajadores que se forman en jornada laboral —es decir, lo que la empresa les paga mientras están estudiando en vez de produciendo— no se bonifica. No puedes recuperar ese dinero vía descuento en los seguros sociales.
Entonces, ¿por qué es una categoría oficial del sistema? Porque sí computa para la cofinanciación privada, que es la obligación que tienen las empresas de más de cinco trabajadores de aportar, de su bolsillo, un porcentaje del coste total de su plan de formación anual.
Por eso la decisión de formar en jornada o fuera de jornada tiene una lectura económica que conviene hacer antes de planificar. No todo lo que ocurre en jornada es gasto neto: una parte es el combustible que alimenta la cofinanciación.
Por encima de todo lo anterior hay un límite que prevalece sobre los costes reales: el módulo económico. Es el coste máximo por hora y participante que FUNDAE reconoce como bonificable. Si tu coste real por hora y participante es superior al módulo, la diferencia la pagas tú; FUNDAE solo financia hasta ese tope.
Los módulos económicos de la formación bonificada en vigor en 2026 son los siguientes:
| Modalidad | Módulo económico |
|---|---|
| Presencial · nivel básico | 9 € / hora · participante |
| Presencial · nivel superior | 13 € / hora · participante |
| Teleformación | 7,5 € / hora · participante |
| Mixta | Prorrateo según horas de cada modalidad |
| Certificado de profesionalidad · presencial | 8 € / hora · participante |
| Certificado de profesionalidad · teleformación | 5 € / hora · participante |
Dos precisiones importantes sobre esta tabla. La primera: estos importes no se han actualizado desde 2019. La cuantía es la misma que llevamos viendo hace años, aunque la inflación haya subido los precios reales de la formación. La segunda: en la modalidad mixta, si la parte presencial no supera el 20 % del total, FUNDAE considera que la acción formativa es, a todos los efectos, teleformación, y aplica el módulo de teleformación a las horas presenciales también. Planifica tu modalidad con esa regla delante.
Desde febrero de 2026, la Orden TES/1582/2025 ha subido los módulos económicos a 15,4 €/hora (presencial) y 8,9 €/hora (teleformación). Medios y asesorías lo están publicando como si fuera una buena noticia para todas las empresas. No lo es. Esos nuevos importes se aplican solo a la formación subvencionada (los programas para personas desempleadas gestionados por el SEPE y las comunidades autónomas). La formación bonificada para empresas vía FUNDAE mantiene los módulos de 2019: 9, 13, 7,5. Si alguien te vende que los módulos de bonificada han subido, te está vendiendo humo.
La aplicación de FUNDAE calcula automáticamente, al comunicar la finalización de cada grupo, cuánto puedes bonificarte. Lo hace eligiendo la menor de tres cifras:
Si el menor de esos tres números es el módulo económico, significa que tu coste real supera el tope: FUNDAE solo te bonifica hasta ese tope y la diferencia sale de tu bolsillo. Si el menor es el crédito, significa que te has quedado sin crédito antes de agotar el curso (eso ya es un problema de planificación anual, no de este grupo concreto).
Empresa de 270 empleados, crédito anual de 48.000 €. Quiere hacer un curso presencial de nivel superior, 12 horas, para 15 participantes. Coste real previsto: 3.000 €. El módulo máximo para este grupo es 15 × 12 × 13 = 2.340 €. La aplicación comparará 48.000 (crédito) / 3.000 (coste real) / 2.340 (módulo): gana el módulo. La empresa podrá bonificar 2.340 €, y los 660 € restantes los asume ella.
Un detalle que se pasa por alto y cuesta caro: en la fórmula de cálculo, el número de participantes que se utiliza no es el de los matriculados, sino el de los finalizados. FUNDAE considera que un participante está finalizado cuando ha completado al menos el 75 % de las horas de formación (en presencial) o el 75 % de los controles de aprendizaje (en teleformación).
Traducción práctica: si matriculas a quince personas en un curso, pero solo trece llegan al 75 %, el módulo económico se multiplica por trece, no por quince. Las dos ausencias no cuentan. Es la razón por la que perseguir la asistencia no es una cuestión académica, es económica.
Si tu empresa tiene más de cinco trabajadores, está obligada por la normativa a aportar una parte del coste total de su plan de formación anual. Es la llamada cofinanciación privada, y su porcentaje depende del tamaño de la plantilla:
| Plantilla | Cofinanciación privada |
|---|---|
| 1 a 5 trabajadores | Exentas |
| 6 a 9 trabajadores | 5 % |
| 10 a 49 trabajadores | 10 % |
| 50 a 249 trabajadores | 20 % |
| 250 o más trabajadores | 40 % |
Cómo se calcula: (costes de formación + costes salariales de los trabajadores en jornada) − bonificación aplicada = cofinanciación efectiva. La aplicación de FUNDAE lo calcula automáticamente al cierre de cada grupo, pero conviene llevar la cuenta a lo largo del año para no llegar a diciembre con una cofinanciación insuficiente que obligue a devolver parte de la bonificación.
La cofinanciación no es un impuesto encubierto. Es el mecanismo que garantiza que la formación bonificada es una corresponsabilidad entre el Estado y la empresa, no un regalo. Si tu empresa tiene más de cinco trabajadores, asume que vas a poner una parte. La clave está en asegurarse de que esa parte sale, en la medida de lo posible, de las horas salariales de los trabajadores en jornada, no de tu tesorería.
— Ana María GonzálezAntes de revisar ningún presupuesto, conviene tener claras las líneas rojas. Estos son los gastos que, por mucho que aparezcan en la factura de la formación, FUNDAE no acepta como bonificables:
Bonificarse es relativamente sencillo. Poder demostrarlo cuatro años después, si viene una inspección, es lo difícil. La normativa obliga a conservar toda la documentación justificativa durante cuatro años desde la finalización del ejercicio en que se aplicó la bonificación. El Real Decreto 1189/2025 añade, además, una coletilla importante: o el plazo superior que resulte aplicable conforme a la normativa europea, lo que en la práctica puede alargar el periodo si los fondos tenían cofinanciación UE.
¿Qué documentos concretamente? Los que acrediten cada euro cargado:
Todos los gastos de formación bonificada, así como las bonificaciones aplicadas, deben quedar identificados en una cuenta separada o epígrafe específico de la contabilidad, bajo la denominación Formación Profesional para el Empleo. No es una recomendación: es un requisito normativo, y su incumplimiento es uno de los motivos habituales de requerimiento en las inspecciones.
Después de veinticinco años acompañando a empresas en este sistema, los errores que hacen perder dinero son siempre los mismos. Te los dejo aquí por si te reconoces en alguno y aún tienes tiempo de corregirlo antes del cierre del ejercicio:
Si estás planificando el presupuesto de una acción formativa, hazte siempre esta cuenta antes de comprometer nada: (horas × participantes previstos × módulo económico que te corresponde) más los costes de organización si externalizas. Ese número es el techo real de lo que vas a poder recuperar. Si el coste total supera ese techo, la diferencia es aportación tuya — decisión legítima, pero conviene tomarla con los ojos abiertos.
| Tipo de coste | ¿Bonificable? | Límite |
|---|---|---|
| Directos (formadores, materiales, aulas, plataformas, seguros) | Sí | Sujeto a módulo económico por hora y participante |
| Indirectos (luz, limpieza, personal de apoyo) | Sí | Máximo 10 % del coste total |
| Organización (entidad organizadora externa) | Sí | 10 % general · 15 % en 6-9 trabajadores · 20 % en 1-5 |
| Salariales (trabajadores formados en jornada) | No | Pero sí computan para cofinanciación privada |
| Subcontratación organización o impartición | No | La contratación de docentes no es subcontratación |
| Gastos sin factura o sin vinculación directa | No | Ningún soporte, ninguna bonificación |
La formación bonificada premia a las empresas que planifican. No es un sistema caprichoso, pero sí exige disciplina de presupuesto, disciplina documental y claridad sobre qué casilla ocupa cada euro. Si tu empresa llega a diciembre habiendo cargado bien cada partida en su categoría, respetando los topes y con los papeles en orden, la bonificación se recupera sin fricción. Si llega con las partidas mezcladas y los soportes dispersos, aparecen los sustos. No son sustos imprevistos: son sustos previsibles que se resuelven con un presupuesto bien hecho al principio del ejercicio.
En CiberAula gestionamos la bonificación sin coste adicional cuando tu formación la hacemos nosotros.