Es el concepto que más se confunde de todo el sistema, y el que decide si formar a tu plantilla te cuesta dinero de verdad o no te cuesta ni un euro. Te explico quién está obligado, cuánto, sobre qué se calcula y cómo cubrirlo sin tocar la tesorería.
La cofinanciación privada es la parte del coste de la formación que la empresa aporta de su parte, además de lo que recupera bonificando. Están exentas las empresas de 1 a 5 trabajadores; a partir de ahí el porcentaje sube por tramos: 5 % de 6 a 9, 10 % de 10 a 49, 20 % de 50 a 249 y 40 % de 250 o más. Se calcula sobre el coste de la formación, no sobre el crédito, y se cumple de forma global anual, no curso a curso. La buena noticia: si la formación se imparte en jornada laboral, el coste salarial de esas horas suele cubrir toda la cofinanciación sin desembolso adicional.
De todos los conceptos de la formación bonificada, este es el que más empresas malinterpretan, y el malentendido siempre es el mismo: confundir la cofinanciación con el porcentaje de bonificación que sirve para calcular el crédito. Son dos cosas distintas que comparten una palabra —«porcentaje»— y viven en etapas diferentes del proceso. Una decide cuánto crédito tienes; la otra, cuánto del coste de un curso pones tú. Entender esa diferencia es lo que separa a una empresa que planifica su formación con los ojos abiertos de otra que llega a diciembre con una sorpresa desagradable. Vamos a dejarlo claro de una vez.
La formación bonificada se sostiene sobre una idea: el Estado y la empresa comparten el coste de formar a los trabajadores. El Estado pone la mayor parte —el dinero que recuperas bonificando— y la empresa pone una porción. Esa porción que aporta la empresa es la cofinanciación privada.
No es un castigo ni un impuesto encubierto. Es el mecanismo que convierte la formación bonificada en una corresponsabilidad: si la empresa también pone algo, se involucra de verdad en que la formación sirva para algo. Por eso la normativa la exige a todas las empresas salvo a las más pequeñas, que quedan exentas precisamente por su tamaño.
La cofinanciación no es lo que te quitan. Es la prueba de que la formación de tu plantilla es una inversión compartida, no un regalo. Y la clave está en planificarla para que esa parte salga de las horas que tus trabajadores ya dedican a formarse en jornada, no de tu cuenta corriente.
— Ana María GonzálezLa obligación de cofinanciar solo existe a partir de seis trabajadores. Las microempresas de 1 a 5 están exentas: pueden bonificar el cien por cien del coste de su formación sin aportar nada de su parte. A partir de ahí, el porcentaje crece con el tamaño de la plantilla, bajo la lógica de que cuanto mayor es la empresa, más capacidad tiene de asumir parte del coste:
| Plantilla de la empresa | Cofinanciación privada obligatoria |
|---|---|
| 1 a 5 trabajadores | Exentas (0 %) |
| 6 a 9 trabajadores | 5 % |
| 10 a 49 trabajadores | 10 % |
| 50 a 249 trabajadores | 20 % |
| 250 o más trabajadores | 40 % |
Ese porcentaje es el mínimo que la empresa debe acreditar que ha puesto de su parte. Ni un punto menos: si te quedas corto, la consecuencia es que tendrás que devolver parte de lo bonificado, como veremos al final.
Aquí está el malentendido que origina casi todos los problemas. Mucha gente cree que esos porcentajes —5, 10, 20, 40— se restan del porcentaje con el que calcula su crédito, o que significan «solo puedo bonificar el 80 % de un curso». No es así, y la confusión cuesta dinero. Hay que separar dos magnitudes:
Son universos separados. Una empresa de 50 a 249 trabajadores no «recupera solo el 60 %» del coste de sus cursos. Su 60 % es para convertir su cuota en crédito; su cofinanciación es el 20 % del coste, lo que significa que puede llegar a recuperar hasta el 80 % del coste de una acción formativa (y a menudo el coste íntegro, como veremos). Mezclar los dos números lleva a empresas a formar menos de lo que podrían «por si acaso», dejando crédito sin usar.
Llegamos a la parte práctica, la que de verdad importa para tu bolsillo. La cofinanciación se puede cubrir por dos caminos, y el segundo es el que hace que, bien planificada, no te cueste nada extra.
La forma directa —y la más cara— es sencillamente no recuperar todo el coste. Si un curso cuesta 1.000 € y tu cofinanciación es del 20 %, te bonificas 800 € y asumes 200 € de tu tesorería. Cumples, sí, pero pagando. Es la vía que acaba usando, sin saberlo, quien no planifica.
Aquí está la jugada inteligente. Cuando un trabajador se forma dentro de su horario laboral, la empresa le sigue pagando su salario durante esas horas. Ese coste salarial —las horas que dedica a formarse en vez de a producir— computa como cofinanciación. No se bonifica (no lo recuperas), pero cuenta como tu aportación.
Y aquí está la consecuencia que cambia la economía de todo: en la mayoría de los casos, el coste salarial de las horas en jornada cubre por completo la cofinanciación exigida, de modo que puedes bonificarte el coste íntegro de la formación sin poner un euro adicional. El cálculo es directo:
Horas de formación en jornada × coste salarial por hora del trabajador = cofinanciación aportada
Si ese resultado iguala o supera el porcentaje exigido sobre el coste de la formación, la cofinanciación está cubierta. La relación con los costes salariales —que nunca se bonifican pero siempre cuentan aquí— la tratamos también, desde la óptica del presupuesto, en costes bonificables.
Tomemos una empresa de 80 trabajadores, que está en el tramo de 50 a 249 y, por tanto, le corresponde una cofinanciación del 20 %. Durante el año hace un plan de formación cuyo coste bonificable asciende a 10.000 €.
Su cofinanciación obligatoria es el 20 % de ese coste: 2.000 €. Veamos cómo cambia todo según cómo se imparta la formación.
La formación se da en horario de trabajo. En total supone 250 horas-participante, y el coste salarial medio de esos trabajadores es de 12 €/hora. Coste salarial computable: 250 × 12 = 3.000 €. Como 3.000 € superan los 2.000 € exigidos, la cofinanciación queda cubierta solo con el salario. La empresa se bonifica los 10.000 € íntegros (hasta donde le llegue el crédito y respetando los módulos) y no pone ni un euro adicional.
La misma formación, pero hecha fuera del horario de trabajo: no hay coste salarial que computar. Para cumplir el 20 %, la empresa tiene que autofinanciar 2.000 € no bonificándoselos: recupera 8.000 € y asume 2.000 € de su tesorería. Misma formación, mismo coste, pero aquí sí sale dinero de la cuenta. La diferencia entre los dos escenarios no es la formación: es cuándo se imparte.
Esta es la lección que conviene tener delante antes de planificar el año: la decisión de formar en jornada o fuera de ella no es solo organizativa, es económica. Bien planteada, la cofinanciación deja de ser un gasto para convertirse en algo que ya estás pagando de todos modos —el salario de tu gente— puesto a trabajar a tu favor.
La aplicación de FUNDAE lleva la cuenta automáticamente y, al cierre del ejercicio, comprueba si tu cofinanciación alcanza el porcentaje exigido. Si no llega, las consecuencias son concretas y conviene conocerlas:
Dicho de otro modo: la cofinanciación no es opcional ni se puede «olvidar». Pero tampoco es un problema si se planifica, porque —como acabamos de ver— casi siempre se cubre sola con las horas en jornada.
Toda la teoría se resume en unas pocas decisiones prácticas que conviene tomar al principio del ejercicio, no en diciembre:
La cofinanciación asusta de lejos y se desinfla de cerca. Bien entendida, no es un coste oculto: es la parte que tu empresa ya estaba pagando —el tiempo de tu gente— reconocida por el sistema como tu aportación. El error no es tener que cofinanciar; el error es no saber que se cubre sola y acabar dejando crédito sin usar «por si acaso». Con este capítulo delante, eso ya no te va a pasar.
Es la parte del coste de la formación que la empresa debe aportar de su parte, además de lo que recupera vía bonificación. Garantiza que la formación bonificada es una corresponsabilidad entre el Estado y la empresa, no un coste totalmente público. Solo están obligadas las empresas de más de cinco trabajadores.
Las empresas de 1 a 5 trabajadores están exentas. A partir de ahí: 6 a 9 trabajadores un 5 %, de 10 a 49 un 10 %, de 50 a 249 un 20 % y de 250 o más un 40 %. El porcentaje se aplica sobre el coste de la formación, no sobre el crédito disponible.
Sobre el coste de la formación, no sobre el crédito. Son dos magnitudes distintas: el porcentaje de bonificación según tamaño sirve para calcular cuánto crédito tiene la empresa, mientras que la cofinanciación es el porcentaje del coste de la formación que la empresa pone de su parte. Además se comprueba de forma global anual sobre el conjunto del plan, no curso a curso.
La vía más habitual es impartir la formación en jornada laboral: el coste salarial de las horas que los trabajadores dedican a formarse en su horario de trabajo computa como cofinanciación y, en la mayoría de los casos, la cubre por completo sin desembolso extra. La otra vía es no bonificarse parte del coste y asumirla directamente.
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